26 diciembre 2011

LA FOTO DEL REY

De la misma manera que no sigo la actualidad de la prensa amarilla, llamada "del corazón", nunca he escuchado el discurso navideño del rey, vamos ni el navideño ni ninguno. E igual que no le doy importancia a lo que diga el Papa, tampoco se la doy a lo que diga don Juan Carlos I de Borbón, que como saben ustedes es Rey de Jerusalem; lo digo por si a alguno se le ha ocurrido reprocharme que coloque en la misma línea al titular del Trono de San Pedro con el de la monarquía hispánica. Sin embargo, pese a mi público y conocido desdén por las noticias "rosa", el papado y la monarquía, como vivo en esta realidad que nos toca sufrir a todos en la que es imposible no enterarse de nada y vivir al margen de todo, pues algo de las noticias del famoseo me conozco; también me sé algo de lo que va soltando por ahí el Santo Padre; y, por supuesto, también he tenido mi ración de "discurso del rey" - no confundamos con la película homónima - porque de ello se han ocupado los medios de comunicación de masas, todos, sin excepción conocida. Telediario va, telediario viene, en cadenas públicas y privadas; diario aquí y allá, de derechas y de izquierdas; y radio en casa o en el trabajo, independientemente de la hora, el rey de España ha estado presente, bien para largar su perorata infumable, bien para que sesudos contertulios la desmenucen al extremo para encontar los sentidos ocultos que buscaban y acoplar lo que dice el monarca a lo que ellos piensan que quería decir. Un despiporre, oiga.

Como mi amigo Nicolás Mengual ya se ha estudiado el discurso de don Juan Carlos I de Bobón - ¡Qué gracioso soy! - y ha hecho un profundo y acertadísimo análisis del mismo, les remito a su blog "El Viaje de Ulises" y a su post alusivo "Obviedades, un año más", para que se ilustren. Yo voy a lo mío, que será centrarme en un aspecto, la foto, ustedes ya saben. Porque, sin ir más lejos, si ustedes se fijaron, y si no pueden consultar otras fuentes al respecto, de todas las tendencias ideológicas, el discurso del monarca hispánico estuvo "adornado" por una foto en la que aparecía él mismo flanqueado por don José Luís Rodríguez Zapatero - ZP para los amigos -, el Presidente del Gobierno saliente, y don Mariano Rajoy Brey, el entrante. La foto del trío sustituyó este año a la de la familia real, habida cuenta de las numerosas querellas sostenidas no para entrar sino para salir de ella, porque gracias a la impagable labor del yernísimo, la institución está bajo mínimos - a ver si hay suerte, a ver -, con  la consiguiente irritación de los sectores monárquicos y tradicionalistas. Vamos a ver si nos entendemos, no se trata de que el rey se avergüence de su familia, que no sé, sino de que ya no es sostenible el discurso de que la familia real es un puntal para la estabilidad del estado y hay que poner al rey y a la monarquía, como institución, convertida en árbitro entre los partidos del Turno, tal es la función que simbólicamente le atribuye la Constitución Española, la vigente desde 1978, en su título II. Por eso el rey aparece entre ZP y Rajoy como fiel de la balanza que equilibra la situación política, poniendo el punto medio y ayudando a dirimir las diferencias en aras a la colaboración solidaria de todos los españoles en la prosperidad y el futuro de España. De ahí la foto en cuestión y su disposición en lugar relevante en el escenario en el que se desarrolla el drama de una navidad amarga para el monarca, que ve moverse peligrosamente el Trono y que en un ejercicio de patetismo jamás visto en la tele, llegó a pedir por el heredero, su hijo, implorando a los españoles que tengan a bien aceptarlo como su legítimo soberano. Le faltaron unas lagrimitas.

La cuestión es que el rey de España está "acojonado" porque ve venir lo que a estas horas resulta, más que en otras ocasiones, evidente y que no es otra cosa que la desaparición de la monarquía hispánica, derrotada finalmente no sólo por su anacronia sino por la panda de mangantes que cual zánganos revolotea a su alrededor con ánimo de lucro. Es por eso que, en un último intento de poner a salvo sus privilegios, intolerables, como él mismo dice, "moralmente inasumible para un país vertebrado, moderno y solidario como el nuestro", al igual que la institución que representa, la monarquía, que estaba bien para el siglo XVII pero que en pleno siglo XXI está más que de sobra, se agarra al texto de la Constitución para encarnarse, como el Espíritu Santo hizo con los palomos, en fotografía alegórica de lo que quisiera ser y no es, con la indisimulada esperanza de proyectarse en el futuro. De ustedes depende evitar este despropósito ¿Estamos?


2 comentarios:

Nicolás dijo...

El Rey sabe lo que es andar cojo los últimos tiempos. Y no cojo del pie sino de quienes se supone que no pueden ni deben fallarte. Es por eso que cuando los tuyos de dejan cojo nada mejor que comprarte un par de buenas muletas. En este caso no sé si son muletas o mulillas pero me imagino que de algo le servirán, sino no hubiera colocado la foto.

Enric Casanova dijo...

Aquí lo que está en peligro, y él lo sabe, es la anacrónica institución que representa, más propia del medievo que de la actualidad. Por eso se intenta quitar el armiño y revestirse de Constitución, por si cuela. Esperemos que no cuele.